Cuba apagada y Díaz-Canel pide que prendan la radio

Díaz-Canel estrena otro proyecto de propaganda mientras el peso se desploma, los apagones dominan la vida cotidiana y la pobreza extrema alcanza al 94 por ciento de la población
Díaz-Canel en Radio Rebelde

Apenas unas horas después de que el régimen anunciara la entrada en circulación de billetes de 10.000 y 20.000 pesos, Díaz-Canel apareció en Radio Rebelde para presentar su respuesta a la crisis nacional. No anunció un plan para recuperar la economía, estabilizar la moneda, producir alimentos o reducir los apagones. Anunció un programa de radio.

La coincidencia resume con precisión el momento político cubano. El Banco Central necesita imprimir denominaciones cada vez mayores porque el peso vale cada vez menos. El dólar alcanzó los 700 CUP en el mercado informal y el país no logra garantizar un día completo de electricidad. El IX Estudio sobre Derechos Sociales en Cuba, elaborado por el Observatorio Cubano de Derechos Humanos, sitúa al 94 por ciento de la población en la pobreza extrema y eleva al 95 por ciento el rechazo a la gestión gubernamental. Frente a ese cuadro, el aparato ideológico del Partido Comunista vuelve a ofrecer propaganda como si fuera política pública.

El programa se llamará Criterio Compartido y comenzará la próxima semana dentro de Haciendo Radio. Se emitirá cada quince días, los miércoles a las 7:15 de la mañana. Díaz-Canel promete hablar de los problemas, las inquietudes y las aspiraciones de los cubanos. También lo presenta como un espacio participativo, transparente y de rendición de cuentas en el que se abordarán las dificultades del país, según dijo, «con el pecho abierto».

La descripción sería convincente si Cuba tuviera una prensa libre, si los ciudadanos pudieran cuestionar al gobernante sin sufrir represalias y si las llamadas críticas llegaran al aire sin selección previa. Nada de eso está garantizado. El supuesto diálogo ocurrirá en Radio Rebelde, una emisora estatal subordinada al mismo poder que escogerá los temas, los invitados, las llamadas y los límites de la conversación. No es rendición de cuentas cuando quien debe responder controla el micrófono, el estudio y las preguntas.

Díaz-Canel aseguró que, pese a las circunstancias, «siempre encontraremos las luces». Hablaba en sentido metafórico, pero gobierna un país donde millones de personas organizan su vida alrededor del próximo apagón. El hombre que no puede garantizar electricidad promete amanecer junto a las familias cubanas mediante la radio. La pregunta es inevitable. ¿Con qué corriente van a escucharlo? Y aun cuando tengan electricidad, ¿realmente querrán hacerlo?

El detalle familiar termina de convertir el lanzamiento en una caricatura del poder. Díaz-Canel explicó que quería que el programa tuviera «algo de familia» porque, según él, en Cuba «todos somos una gran familia». Por eso la música de apertura será una versión de Canto Arena, de Silvio Rodríguez, preparada por dos de sus hijos, Miguel y Jenny, integrantes del grupo De Cuba.

En un país donde el acceso a los medios públicos depende de la obediencia política, los hijos del gobernante entran por la puerta principal de una emisora nacional para musicalizar el programa de su padre. La Presidencia no explicó cómo fueron seleccionados, si existieron otras propuestas ni si su participación será remunerada. Lo único transparente, hasta ahora, es el privilegio. El Estado pone la emisora, el padre ocupa el micrófono y los hijos aportan la banda sonora. Todo queda en familia, incluso la propaganda.

Tampoco es la primera vez que el Departamento Ideológico intenta convertir a Díaz-Canel en comunicador. Desde la Presidencia nació con la ambición de mantener una presencia frecuente en internet y vender una imagen de gobernante cercano, capaz de explicar los problemas nacionales. La última entrega pública localizable corresponde al episodio 35 y fue publicada el 24 mar 2026. Más de medio año después, el proyecto permanece sin nuevas entregas visibles. La prometida continuidad terminó en otro archivo abandonado de la maquinaria oficial.

La entrevista concedida en agosto a Folha de S.Paulo ya había expuesto las limitaciones comunicativas del gobernante. Díaz-Canel volvió a refugiarse en las fórmulas habituales, mientras las intervenciones de su esposa, Lis Cuesta, reforzaron la impresión de improvisación y desconexión. Cada vez que el régimen intenta humanizarlo, termina recordando por qué necesita tantos filtros. No se puede fabricar carisma por decreto ni convertir a un burócrata en comunicador solo porque se le coloque delante un micrófono.

El problema del castrismo no es escoger mal el formato. Su verdadero problema es que perdió el monopolio de la conversación. Hubo un tiempo en que el Partido decidía qué noticia existía, cómo debía contarse y cuándo podía conocerla la población. Granma fijaba la versión escrita, el Noticiero Nacional de Televisión repetía la línea y las emisoras completaban el cerco. La ausencia de alternativas permitía confundir silencio con consenso.

Ese país ya no existe. A pesar del elevado costo de internet, la censura y los cortes de conexión, los cubanos consultan redes sociales, ven YouTube, escuchan pódcast, leen medios independientes y reciben información mediante grupos y canales privados. Pueden comparar el discurso oficial con las imágenes de una protesta, una cola, un hospital deteriorado o una comunidad que lleva días sin electricidad. El Partido conserva los medios estatales, pero ya no controla por completo lo que la gente sabe ni lo que decide creer.

El lanzamiento de ¨Criterio Compartido¨ también revela la incapacidad del Gobierno para comprender el tamaño de su propio desgaste. Cuba no necesita otra explicación de Díaz-Canel. Los cubanos conocen demasiado bien el resultado de su gestión. Lo ven cuando buscan comida, cuando el salario desaparece antes de terminar el mes, cuando un medicamento no aparece, cuando el transporte se paraliza y cuando la casa vuelve a quedar a oscuras. La crisis no es un problema de comunicación. Es el resultado de un modelo político y económico que se niega a cambiar.

Criterio Compartido todavía no ha comenzado y ya carga con los vicios de todos los experimentos anteriores. Nace desde arriba, controlado por el Partido, diseñado para proteger al gobernante y adornado con una colaboración familiar. Su objetivo no es escuchar a Cuba, sino conseguir que Cuba vuelva a escuchar a Díaz-Canel.

Cuba está apagada y Díaz-Canel pide que prendan la radio. Esa es, por ahora, su gran solución.

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